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miércoles, 29 de julio de 2015

 

“El Esequibo es de Venezuela”




domingo, 26 de julio de 2015

 

La guerra dentro de uno mismo



Soy madre de dos niños de 12 y 2 años; el mayor es huérfano de padre. Soy soltera y trabajo de sol a sol subiendo todos los días desde La Guaira al Junquito. He trabajado cocinando, pintando, limpiando, como cajera, a veces desempleada, pasando penurias... Hoy, afortunadamente tengo un empleo mediana­mente estable... Pero ¿sabe cuál es el chiste de la co­sa? Que mi amada revolución (y mira que bien ama­da) ¡nunca volteó a mirarme! De ahí comencé yo a de­cir la frase: "Soy chavista de corazón, aunque la re­volución no me ha ayudado en nada".
Hubo Misión Vivienda, nada... Hubo Madres del Barrio, nada... Hubo Hijos de Venezuela, nada... Y así gran cantidad de misiones y ayudas, en las cuales cla­ro que estoy censada, pero nunca me tomaron en cuenta, ni siquiera por tener un hijo huérfano de pa­dre, del cual yo soy su único sostén. ¿Sabe por qué? Porque a mi amada revolución la picó el gusano de la burocracia, sí, he visto con dolor que nuestros idea­les revolucionarios y socialistas no fueron inmunes a la enfermedad que mata a todos los gobiernos.
Pero, bueno, eso es harina de otro costal. Esa dejó de ser mi guerra personal porque comprendí que pa­ra llegar a tener un techo digno y estabilidad para mis hijos debía seguir trabajando de sol a sol, que la ayuda de mi revolución estaba condicionada y que si bien a mí no me han ayudado, sí lo han hecho con otras miles de personas y eso es suficiente para que mi corazón esté en paz.
Hoy, mi guerra es otra. Desde que tuve a mis hijos comencé a tener algunos quebrantamientos de sa­lud. Comencé a tener problemas hormonales. Hoy sufro de hipotiroidismo, lo cual ha hecho que tenga un sobrepeso de 31 kilogramos.
Esta obesidad me ha causado algunas morbilida­des como ovarios poliquísticos, fatiga y cansancio fá­cil, enfermedad por reflujo gastraesofágico y he teni­do ya algunos episodios de tensión arterial alta. Lo cierto es que habiendo agotado mis recursos fui a in­ternistas, endocrinos, nutricionistas, psicólogos y no conseguí solucionar mi problema de obesidad, hecho por el cual consulte a un cirujano bariátrico.
El doctor sugirió la cirugía bariátrica por tener un IMC de 35 y por los trastornos de salud que me ha pro­ducido, ya que como él me dice, soy una bomba de tiempo.
La cuestión es que decidí que lo iba a hacer, no po­día contar con la póliza de seguro que paga mi empre­sa porque aunque usted no lo crea, mi patrono nos pa­ga una póliza de HCM de Bs 30.000. Me fui al BCV a solicitar la ayuda para la operación, me llamaron, me entrevistaron, todo iba viento en popa... ¿Y qué cree? ¡Nada!
Por los ovarios poliquísticos sufro más de dos de­rrames por mes y se me baja la hemoglobina. Tampo­co tomo en cuenta que tengo una gastritis en avance por el reflujo gastroesofágico. Tengo episodios de ten­sión alta. Entonces yo pregunto: ¿cómo una sola per­sona puede decidir tu calidad de vida? Yo solo sería una persona más que creyó, que confió en que sí se podía.
Siempre creeré en mi revolución, no importa si las cosas no van bien ahorita, porque para mí no es una condición del momento, es algo que me corre en las venas por haber nacido venezolana y es en estos tiempos malos que debemos ponernos la mano en el corazón y luchar con uñas y dientes por nuestra pa­tria soberana.
KATIUSCA CAROLINA BLANCO BARCENAS
V-17.079.485

viernes, 24 de abril de 2015

 

Esa España que victimiza a Capriles



martes, 7 de abril de 2015

 

Obama deroga el decreto !Ya!

video


martes, 24 de marzo de 2015

 

El silencio de la academia (UCV)


Fue patético, triste y miserable el silencio de la mayoría de los miembros del Consejo Universitario (CU) de la Universidad Central de Venezuela UCV). Fue tan sorprendente que me quedé sin palabras por momentos pero mi compañero, el profesor y ex asesor jurídico de la UCV Baldo Alesi, indignado, no aguantó y vociferó palabras que rasgaron el terrible ambiente del salón de sesiones pero no pudo romper el silencio de los 23 universitarios, incluyendo rectora, Vicerrectores, Secretario, Decanos y los 6 estudiantes. Sus caras con la mirada baja no aguantaban tanta vergüenza...
Ese 11 de marzo se realizó la primera sesión del CU después que se hizo pública la firma del presidente de EEUU, Barak Obama, dando una orden ejecutiva de declarar el estado de emergencia a su país por la amenaza inusual y extraordinaria de Venezuela para la seguridad de su país. Afirmación que ha levantado el cólera de millones de patriotas venezolanos, e incluso, millones de latinoamericanos ante la arrogancia del imperio. Ingenuamente, pensé que la mayoría opositora de este cuerpo académico de la universidad se iba a ser un lado su enfermiza conducta “política” para prevalecer la sindéresis y el patriotismo ante las amenazas reales que están pendiendo sobre las 30 millones de cabezas de venezolanos y venezolanas.
Pero sorpresa, cuando la rectora de esta universidad terminaba de dar el orden del día para la agenda de esa sesión pude ver que NO se vislumbraba unas palabras, una reflexión, algo apropiado para estos momentos históricos que está viviendo el país, salió de mi ser proponer que “debido a que este cuerpo académico, la más alta instancia de la Universidad CENTRAL DE VENEZUELA, institución del Estado, conformada por venezolanos y venezolanas, ante las reales amenazas del gobierno norteamericano contra nuestra nación, quiero proponer que discutamos para sacar un comunicado de rechazo ante tales amenazas. Es necesaria nuestra voz en estos momentos”. Así sencillas las palabras, salieron sin problemas, sin provocar ni herir susceptibilidades a nadie, limpias y diáfanas para lograr un consenso entre los presentes.
Pero, desde ese momento comenzó el zumbido del silencio, similar al de los corderos cuando van al matadero. La rectora habló a los presentes, expresando que “se realice una votación para saber si puede incluir a la agenda de hoy la discusión de un posible comunicado propuesto por el profesor Miguel Alfonzo”, previamente preguntando a la asesora jurídica, la abogada Mervin Ortega, si este era el procedimiento. Al reafirmarlo, se procedió a la votación y ahí fue cuando las sombras oscurecieron por completo a la Universidad refundada hace casi 200 años por el Libertador, quien tuvo que moverse en el panteón nacional, ante este rastrero momento.
Percibí con dolor únicamente dos manos levantadas a favor por la propuesta; la de mi amigo y camarada Baldo Alesi y la mía. Fueron dos manos dignas, bien levantadas, mirando a los ojos de los demás y ver si podía unirse por la patria. Pero nada, predominó el silencio y la vergüenza en ellos. Hubo una Decana que manifestó que ese era un “comunicado político y no académico” cuando escuchó las vociferaciones del profesor Alesi. Tuve que gritarle que dejara la hipocresía, que allí en ese CU han sacado cientos de comunicados políticos en contra del gobierno de Chávez y de Maduro.
Nada, quedó en acta de este hecho pro imperial. Nuevamente, este CU ha dado la espalda al país, ha violado su autonomía para defender intereses foráneos de una forma indirecta, Volvió los tiempos monárquicos cuando la Real y pontificia universidad de Caracas defendía a la Corona española.
Lo más cumbre es que 24 horas después en la sesión del Consejo Nacional de Universidades (CNU) el ministro de Educación universitaria y ciencia y tecnología propuso sacar un comunicado en contra las amenazas del imperio, y la mano de la UCV, representada por el vicerrector administrativo, ya que su Rectora no asistió (¿sospechando este momento?) la levantó para apoyar la propuesta...
*PROFESOR TITULAR, MIEMBRO DEL CU DE LA UCV

miércoles, 11 de marzo de 2015

 

Preparando la agresión militar a Venezuela



 Barack Obama, una figura decorativa en la Casa Blanca que no pudo impedir que un energúmeno como Benjamín Netanyahu se dirigiera a ambas cámaras del Congreso para sabotear las conversaciones con Irán en relación al programa nuclear de este país, ha recibido una orden terminante del complejo “militar-industrial-financiero”: debe crear las condiciones que justifiquen una agresión militar a la República Bolivariana de Venezuela. La orden presidencial emitida hace pocas horas y difundida por la oficina de prensa de la Casa Blanca establece que el país de Bolívar y Chávez “constituye una infrecuente y extraordinaria amenaza a la seguridad nacional y la política exterior de Estados Unidos”, razón por la cual “declaro la emergencia nacional para tratar con esa amenaza.”  
Este tipo de declaraciones suelen preceder agresiones militares, sea por mano propia, como la cruenta invasión a Panamá para derrocar a Manuel Noriega, en 1989, o la emitida en relación al Sudeste Asiático y que culminó con la Guerra en Indochina, especialmente en Vietnam, a partir de 1964. Pero puede también ser el prólogo a operaciones militares de otro tipo, en donde Estados Unidos actúa de consumo con sus lacayos europeos, nucleados en la OTAN, y las teocracias petroleras de la región. Ejemplos: la Primera Guerra del Golfo, en 1991; o la Guerra de Irak, 2003-2011, con la entusiasta colaboración de la Gran Bretaña de Tony Blair y la España del impresentable José María Aznar; o el caso de Libia, en 2011, montado sobre la farsa escenificada en Benghazi donde supuestos “combatientes de la libertad” – que luego se probó eran mercenarios reclutados por Washington, Londres y París-  fueron contratados para derrocar a Gadafi y transferir el control de las riquezas petroleras de ese país a sus amos. Casos más recientes son los de Siria y, sobre todo Ucrania, donde el ansiado “cambio de régimen” (eufemismo para evitar hablar de “golpe de estado”) que Washington persigue sin pausa para rediseñar el mundo -y sobre todo América Latina y el Caribe- a su imagen y semejanza se logró gracias a la invalorable cooperación de la Unión Europea y la OTAN, y cuyo resultado ha sido el baño de sangre que continúa en Ucrania hasta el día de hoy. La señora Victoria Nuland, Secretaria de Estado Adjunta para Asuntos Euroasiáticos, fue enviada por el insólito Premio Nobel de la Paz de 2009 a la Plaza Maidan de Kiev para expresar su solidaridad con los manifestantes, incluidos las bandas de neonazis que luego tomarían el poder por asalto a sangre y fuego, y a los cuales la bondadosa funcionaria le entregaba panecillos y botellitas de agua para apagar su sed para demostrar, con ese gesto tan cariñoso, que Washington estaba, como siempre, del lado de la libertad, los derechos humanos y la democracia.
Cuando un “estado canalla” como Estados Unidos, que lo es por su sistemática violación de la legalidad internacional, profiere una amenaza como la que estamos comentando hay que tomarla muy en serio. Especialmente si se recuerda la vigencia de una vieja tradición política norteamericana consistente en realizar autoatentados que sirvan de pretexto para justificar su inmediata respuesta bélica. Lo hizo en 1898, cuando en la Bahía de La Habana hizo estallar el crucero estadounidense Maine, enviando a la tumba a las dos terceras partes de su tripulación y provocando la indignación de la opinión pública norteamericana que impulsó a Washington a declararle la guerra a España. Lo volvió a hacer en Pearl Harbor, en diciembre de 1941, sacrificando en esa infame maniobra 2,403 marineros norteamericanos e hiriendo a otros 1,178. Reincidió cuando urdió el incidente del Golfo de Tonkin para “vender” su guerra en Indonesia: la supuesta agresión de Vietnam del Norte a dos cruceros norteamericanos –luego desenmascarada como una operación de la CIA- hizo que el presidente Lyndon B. Johnson declarara la emergencia nacional y poco después, la Guerra a Vietnam del Norte. Maurice Bishop, en la pequeña isla de Granada, fue considerado también él como una amenaza a la seguridad nacional norteamericana en 1983, y derrocado y liquidado por una invasión de Marines. ¿Y el sospechoso atentado del 11-S para lanzar la “guerra contra el terrorismo”? La historia podría extenderse indefinidamente. Conclusión: nadie podría sorprenderse si en las próximas horas o días Obama autoriza una operación secreta de la CIA o de algunos de los servicios de inteligencia o las propias fuerzas armadas en contra de algún objetivo sensible de Estados Unidos en Venezuela. Por ejemplo, la embajada en Caracas. O alguna otra operación truculenta contra civiles inocentes y desconocidos en Venezuela tal como lo hicieran en el caso de los “atentados terroristas” que sacudieron a Italia –el asesinato de Aldo Moro en 1978 o la bomba detonada en la estación de trenes de Bologna en 1980- para crear el pánico y justificar la respuesta del imperio llamada a “restaurar” la vigencia de los derechos humanos, la democracia y las libertades públicas. Años más tarde se descubrió estos crímenes fueron cometidos por la CIA. Recordar que Washington prohijó el golpe de estado del 2002 en Venezuela, tal vez porque quería asegurarse el suministro de petróleo antes de atacar a Irak. Ahora está lanzando una guerra en dos frentes: Siria/Estado Islámico y Rusia, y también quiere tener una retaguardia energética segura. Grave, muy grave. Se impone la solidaridad activa e inmediata de los gobiernos sudamericanos, en forma individual y a través de la UNASUR y la CELAC, y de las organizaciones populares y las fuerzas políticas de Nuestra América para denunciar y detener esta maniobra.
Por Atilio A. Borón


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